Por: María Esther Abissi.   13 julio

La desaceleración económica llegó al mercado de valores y los efectos del alto déficit, el movimiento de las tasas y la falta de apetito del mercado, entre otros factores, afectaron un sector en el que de por si ya era difícil competir.

En vez de tranzar más de los $13.137 millones que se movieron el año pasado en el mercado, este año el resultado fue $155 millones menos. Foto Graci.ela Solís
En vez de tranzar más de los $13.137 millones que se movieron el año pasado en el mercado, este año el resultado fue $155 millones menos. Foto Graci.ela Solís

El mercado primario y secundario venían sufriendo con su iliquidez, pocos emisores y su rígida normativa, registrado al cierre del 2017 una importante desaceleración.

A esto se le sumaron los efectos de la desaceleración económica del país, afectado el mercado secundario, el comportamiento de los instrumentos de deuda, la composición de plazos y la preferencia por moneda.

Aunque el mercado primario -que es donde el inversionista adquiere de primera mano los instrumentos emitidos por sus propios emisores- no registró decrecimiento, tuvo una leve desaceleración en el primer semestre del año, comparado con el mismo período del año previo, con una disminución de 0,8 puntos porcentuales.

El caso del mercado secundario, donde los inversionistas compran valores que adquirieron previamente por otros inversionistas, sí hubo un decrecimiento pronunciado, pasando de crecer 3,08% en el 2017 a decrecer a un ritmo de 0,9%.

Lo anterior significa que, en vez de tranzar más de los $13.137 millones que se movieron el año pasado, este año el resultado fue $115 millones menos.

La caída responde principalmente al incremento del mercado primario ante la participación del Gobierno en los primeros tres meses del año y también a la incertidumbre que se derivó de las elecciones presidenciales, que hicieron que los inversionistas miraran con cautela el mercado y se redujera también la cantidad de transacciones.

Mariela Alvarado, gerente de Inversiones y depósitos de Scotiabank, aseguró que las expectativas al alza de las tasas también motivaron a los inversionistas a mantenerse en instrumentos más ilíquidos, como certificados de depósito a plazo, que pueden ser emitidos fuera del mercado y permiten esperar a una condición más estable y segura dentro del mercado secundario.

Sin embargo, de todos los factores que han afectado el comportamiento del mercado secundario, sin duda, el déficit fiscal se lleva el primer lugar.

La necesidad del Gobierno de financiarse en el mercado local para cubrir sus obligaciones ha estrujado de forma importante los demás sectores, imposibilitando que otros emisores puedan ofrecer tasas más atractivas por sus productos de inversión.

El faltante de recursos de Hacienda se explica por varios factores: los disparadores del gasto, el mayor pago de intereses de una deuda creciente y un menor ritmo de recaudación. Esta última razón se puede asociar a un ritmo de actividad económica débil, presente en el país desde el 2017.

“El Gobierno ha estado captando agresivamente y con poco espacio para que el secundario pueda generar sus propios negocios y de ahí que se mostrara un efecto a la baja”, explicó Johnny Mora, director de fondos de inversión de grupo financiero Acobo.

Actualmente, no hay un incentivo para mostrar posiciones de compra en el mercado, ya que los vendedores de valores no están dispuestos a ajustar sus precios y ofrecer mejores rendimientos.

Caen los dólares

A pesar del apetito mostrado por las operaciones en dólares durante el año pasado, por una necesidad de refugio en una moneda más estable que el colón, la tendencia parece detenerse.

Los instrumentos en dólares tuvieron un decrecimiento de 7,6% al cierre del primer semestre, al igual que los instrumentos que no son emitidos en moneda extranjera, pero que liquidan en dólares.

Hay varias razones que explican la pérdida de interés por estos instrumentos entre ellas, un ligero aumento en el premio por invertir en colones y el hecho de que en el mercado internacional las tasas en dólares siguen subiendo.

Lo anterior replantea las expectativas y hace que los inversionistas permanezcan a ala espera de mejores rendimientos.

De allí que haya un mayor apetito por plazos entre 181 días a 360. Este fue particularmente el plazo que más creció en el mercado de valores, registrando un aumento de 54%, contrario al mayor plazo, de más de tres años que tuvo una caída de 31%.

Instrumentos a la baja

Al igual que cae el mercado, caen los instrumentos, especialmente la deuda.

El volumen de deuda negociado tuvo una caída de 43%, en el sector público y en colones, donde el decrecimiento fue de 52%.

Las colocaciones de deuda a más de tres años son menos apetecibles ahora, cuando los inversionistas se refugian especialmente entre 91 y 180 días.

Ya que nuestro mercado bursátil opera principalmente instrumentos de deuda, es de esperar que los bonos muestren un movimiento parecido al de la tendencia general de caída en el volumen de operaciones.

El comportamiento de la deuda solo podría revertirse si Hacienda encontrara otras formas de financiamiento alterno al mercado local, de lo contrario, la tendencia en el secundario sería igual hacia el cierre del año.

Hoy los inversionistas están cautos ante riesgos de precios, no solo de la deuda sino de otros instrumentos.

Las operaciones a plazo han caído considerablemente este año, al igual que las recompras en el sector privado, productos especialmente utilizados en mercados de corto plazo, como los fondos de mercado de dinero.

Las acciones muestran decrecimientos por segundo año consecutivo, mientras que otros como el mercado de liquidez y la participación de los fondos de inversión crecen, aunque su peso dentro del mercado es muy pequeño.