Por: María Fernanda Cisneros.   7 mayo
La oposición y el presidente Daniel Ortega cumplieron un año en una disputa que parece no acabar pronto. Foto: INTI OCON / AFP
La oposición y el presidente Daniel Ortega cumplieron un año en una disputa que parece no acabar pronto. Foto: INTI OCON / AFP

El deterioro de su economía es evidente y la crisis política que atraviesa desde hace poco más de un año le deprime cada vez más sus indicadores.

Nicaragua era una nación pujante para Centroamérica, en términos de su producción y la importancia que representaba para el sector exportador, pero eso quedó en el pasado.

Hoy tiene mucho menos oxígeno que el resto de países de la región, aun cuando algunos de ellos —como Costa Rica— han visto cómo se deteriora su producción por el desbalance de las finanzas públicas.

¿Qué se puede esperar? La producción de Nicaragua se mantendrá contraída cerca de un 2% en 2019 y el próximo año, prácticamente no levantará (crecería solo 1%). Esto es lo que estima la calificadora de riesgo Fitch, pero otras entidades no distan mucho de este nublado panorama.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que esta nación mantendrá cifras negativas en estos dos años, de -4% al término del 2019 y -1% el próximo periodo.

El desgaste de esa nación, además, tiene repercusiones en sus socios comerciales, quienes enfrentan retos logísticos en el intercambio comercial de los bienes. Costa Rica es uno de los que primero percibe este impacto.

En 2018, las exportaciones costarricenses se vieron golpeadas por las dificultades de transportar productos a suelo nicaragüense o hacia el resto de países de la región. En 2019, podría darse un nuevo efecto.

Al primer trimestre, la pérdida en las exportaciones ya alcanza una caída de 21%, en comparación con el mismo periodo anterior, según datos de la Cámara de Exportadores de Costa Rica (Cadexco).

Nicaragua es el sexto destino de las exportaciones de Costa Rica, y es por esto que este sector aboga por medidas para atenuar los impactos de una crisis que parece estar lejos de acabar.

“La implementación del ferry podría facilitar el tránsito”, afirmó Andrés Gamboa, director ejecutivo de Cadexco.

Economía desinflada en un año

La actividad económica de Nicaragua pasó de crecer 2,3% en enero del 2018, a contraerse 5,8% al mismo mes del 2019.

Un solo año de crisis política —gestada por algunas decisiones tomadas por el presidente Daniel Ortega— bastó para tumbar la economía de este país.

Las industrias más golpeadas son las de servicios en hoteles y restaurantes, comercio, transporte y comunicaciones, construcción e intermediación financiera. Todas relacionadas al consumo, que sin duda está deprimido.

Costa Rica es el otro país que registra una desaceleración en Centroamérica, mientras que la economía salvadoreña está estancada. Aún así, ambas están muy lejos de mostrar la severa contracción del país comandado por Ortega.

Al lado de una producción nicaragüense bastante debilitada, los depósitos bancarios cayeron 21% y el crédito 11%, ambas cifras del cierre del 2018 al no existir unas más recientes.

Nicaragua era el país donde más crecía el crédito en toda la región, pero su situación política cambió el curso del saldo de las carteras.

Además de esto, el Banco Central de Nicaragua (BCN) vio caer sus reservas internacionales en $497 millones, después de utilizar una línea de crédito de $200 millones que la entidad posee con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), explicó Carlos Morales, director de Fitch Ratings para los bonos soberanos de América Latina.

Los precios se mantienen presionados al alza. Inclusive, se espera que la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor, suba más y llegue a niveles del 7%, más del doble de lo visto antes del inicio de los conflictos que hoy vive esta nación. En marzo pasado se situó en 5,09%.

Por otro lado, la balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones) registró un superávit a finales del 2018, sin embargo esto se debe a que las importaciones cayeron más del 11%. Este indicador no se ha logrado revertir.

Y las finanzas estatales tampoco están exentas del deterioro.

El déficit fiscal aumentó más de un punto porcentual el año pasado, y hoy se ubica en 2,2%, del Producto Interno Bruto (PIB). Este escollo está muy ligado al faltante de dinero que experimenta el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que también se acrecentó y requirió de un auxilio económico.

En 2018, el Gobierno Central transfirió unos $120 millones a esa institución para cubrir su desbalance entre ingresos y gastos. Un apoyo similar podría ser necesario en el año en curso.

Por ahora, el Gobierno de Nicaragua se beneficia de los buenos indicadores del pasado, ya que aunque el déficit fiscal sube, no alcanza a países como Costa Rica y Guatemala, con cifras mucho mayores.

Aun así, Ortega aboga por recuperar el curso de las finanzas estatales y del INSS, mediante dos reformas que ya fueron aprobadas en el Congreso.

La propuesta incluye una mayor cantidad de productos gravados con el IVA, impuestos específicos al tabaco y el alcohol, entre otros. Por el lado del INSS, los cambios llegarían a mayores contribuciones al sistema social y menores beneficios de los nuevos pensionados.

Sin embargo, dada la coyuntura económica de contracción, estas medidas ayudarían a contener el deterioro de las arcas estatales, más no revertirán la tendencia. La predicción de Fitch es que el déficit llegue a 1,9% al término del 2019.

El desenlace del ambiente político es incierto y la extrema polarización hace que la incertidumbre sea un claro impedimento para que la inversión y la producción despierten este o el próximo año.

El diálogo y la estabilización son los únicos caminos para que esta economía tan deprimida recupere el ánimo que tenía antes de esta crisis.