Por: María Fernanda Cisneros.   2 julio
El apetito del mercado en la actual difiere de lo visto en la segunda mitad del 2018, cuando la Tesorería Nacional tenía dificultades para captar recursos, registró subastas desiertas y ofertas en tasas variables y altas, además de a corto plazo. Foto: Archivo/Jorge Arce
El apetito del mercado en la actual difiere de lo visto en la segunda mitad del 2018, cuando la Tesorería Nacional tenía dificultades para captar recursos, registró subastas desiertas y ofertas en tasas variables y altas, además de a corto plazo. Foto: Archivo/Jorge Arce

Los canjes retomaron el protagonismo como instrumento de gestión de deuda del Gobierno luego de un periodo en el que redujeron su participación.

En lo que va del 2019, Hacienda canjeó más dinero que durante todo el 2018, y hasta logró trasladar algunas de las obligaciones que tenía para los años venideros, en los que reporta una importante concentración de vencimientos de la deuda.

El apetito de inversión cambió para bien y Hacienda se beneficia de esto.

Ahora, inclusive se plantea la posibilidad de realizar una especie de canje con los eurobonos en circulación, una estrategia nunca antes utilizada, pero que la ley le permite poner en práctica.

Si ejecuta esto, podría trasladar esa deuda a más largo plazo y aprovechar un periodo de tasas de interés menores. Esto sería rentable si el riesgo que se percibe actualmente sobre los bonos es menor al momento en el que se emitieron.

Sin embargo, para hacer un canje de títulos soberanos internacionales, el Gobierno necesita de algo indispensable: unos nuevos eurobonos que aún no han sido aprobados por la Asamblea Legislativa.

Un mejor ambiente

¿Qué sucedió? Luego de un periodo extenso de falta de certeza sobre lo que estaba por venir en las finanzas públicas y la economía nacional, la aprobación de la reforma fiscal fue el aliciente para que los inversionistas recuperaran parte de la confianza.

Una de las mayores pruebas de esa mayor certidumbre es precisamente la respuesta que el Ministerio de Hacienda recibe al captar recursos.

Cuando Hacienda va al mercado doméstico en busca de fondeo, los inversionistas demandan bonos locales, incluyen ofertas a tasas más bajas, y hasta aceptan cambiar emisiones de menor plazo por otras de mayor plazo.

“El mejor de los casos ocurriría si la percepción de riesgo emisor es menor al que se tenía cuando se originó la deuda que se empieza canjear”. Melvin Garita, economista.

Esta situación difiere de lo visto en la segunda mitad del 2018, cuando la Tesorería Nacional tenía dificultades para captar recursos, registró subastas desiertas y ofertas en tasas variables y altas, además de una marcada demanda por el corto plazo.

Entre enero y junio del 2019, Hacienda canjeó más de ¢824.000 millones, la mayoría en colones, y más que en todo el año previo.

Esos canjes han permitido reducir presiones para el 2019, 2020 y 2021, canjeados por más largo plazo, hasta el 2051.

El solo pensar que esto ocurriría hace tan solo seis meses parecía imposible, pero el escenario más improbable se concretó gracias a la llegada de la reforma y al menor crecimiento de los gastos del Gobierno.

Los gastos corrientes (sin intereses) crecieron menos que en los últimos seis años, apoyados por la menor aceleración en transferencias y remuneraciones.

Además, el perfil de la deuda, aún sin los eurobonos, ya dio pasos en una dirección menos riesgosa en cuanto a plazo y tasa.

“Por primera vez en por lo menos cinco años hemos logrado bajar a un dígito los vencimientos a un año plazo. La estrategia era ente 5% y 10%”, explicó Rocío Aguilar, ministra de Hacienda.

Esto es un síntoma de una industria que augura un mejor panorama que el vaticinado en la segunda mitad del 2018, en cuanto a tasas de interés y al comportamiento de las finanzas públicas.

La intención con los canjes es trasladar las deudas con vencimientos en el corto plazo por otras que venzan en el largo plazo, algo que se ha logrado.

Canjes retoman protagonismo.
Canjes retoman protagonismo.

Hacienda logró trasladar obligaciones hasta el 2051, y su objetivo es que la deuda quede distribuida de forma más equitativa entre los años futuros, sin que se acumulen presiones como las que se amontonaron para el plazo más próximo.

Presiones venideras

Entre el 2020 y el 2023, la Tesorería Nacional debe cancelar $13.034 millones (el 29% de la deuda), según datos al corte del 31 de mayo.

Solo en 2021 el Gobierno debe pagar $3.715,91 millones, además de una cifra similar aunque un tanto más baja para el 2022 y el 2023.

También en esos periodos están incorporados algunos eurobonos que están por vencer.

Los más prontos a caducar corresponden a las operaciones del 2020 y el 2023, con montos de $250 y $1.000 millones, respectivamente.

Hacienda carece de recursos suficientes para pensar que es posible atender pagos de esa magnitud, razón por la que desde ya valora la posibilidad de hacer una operación similar a la que se hace con canjes, pero con los eurobonos en circulación.

“El mejor de los casos ocurriría si la percepción de riesgo emisor es menor al que se tenía cuando se originó la deuda que se empieza canjear”, explicó el economista Melvin Garita.

Esto le permitiría alargar el perfil de la deuda y aprovechar un momento en el que las tasas de interés son más bajas.

“La recuperación que ha tenido Costa Rica, hace que el rendimiento que se le fija hoy, sea un rendimiento que no responde a la calificación que tenemos, sino a una mejor. Son oportunidades que el país debería aprovechar”, afirmó Aguilar.

Los canjes deberían mantener su protagonismo en la gestión de la deuda. Este es el criterio no solo del mismo Hacienda, sino también de participantes del mercado.

Esta herramienta deberá conjugarse con captaciones a más de cinco años plazo, los $1.500 millones en eurobonos y los empréstitos con organismos multilaterales que sumarían otros $750 millones netos.

Estos recursos le darían espacio para atender las presiones del cierre del 2019 y evitar alzas en las tasas del mercado local.