Finanzas

La OCDE prevé un deterioro económico mundial y Costa Rica no escapa de la caída

La crisis humanitaria desatada por la guerra, entre otros factores, pone en riesgo “una recuperación económica que estaba en marcha tras dos años de pandemia”, según la economista jefe de la OCDE, Laurence Boone

La economía mundial está empeorando con la guerra en Ucrania y corre el riesgo de hundirse más, advirtió este miércoles la OCDE en su más reciente informe de previsiones. El texto augura un fuerte descenso del crecimiento mundial y un repunte de la inflación este año: un fenómeno del que no escapan Latinoamérica, ni Costa Rica.

“Se está desarrollando una crisis humanitaria ante nuestros ojos, dejando miles de muertos, obligando a millones de refugiados a huir de sus hogares y amenazando una recuperación económica que estaba en marcha tras dos años de pandemia”, advirtió la número dos de la organización y economista jefe de la OCDE, Laurence Boone, en un texto introductorio a las previsiones titulado El precio de la guerra.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), reúne a 38 países, incluida Costa Rica desde el año pasado. La entidad con sede en París se había negado en marzo a publicar previsiones detalladas como suele hacer, dada la gran incertidumbre creada por la invasión rusa de Ucrania tres semanas antes.

Entonces solo había calculado que la guerra costaría más de un punto porcentual de crecimiento mundial y 2,5 puntos de inflación en un año. Ahora, prevé un crecimiento del PIB mundial del 3% en 2022, un nivel 1,5 puntos menor que el de su anterior previsión (4,5%) publicada en diciembre. ”El mundo pagará un alto precio por la guerra de Rusia contra Ucrania”, tal como señala Boone.

Antes que la OCDE, la mayoría de los grandes organismos económicos habían rebajado sucesivamente sus previsiones: el Banco Mundial, por ejemplo, pronosticó este martes un crecimiento mundial del 2,9% para este año, por debajo del 4,1% que anticipaba en diciembre.

El coste de la guerra variaría mucho según las regiones, según los datos de OCDE: se espera que la zona euro registre un crecimiento del 2,6%, frente a una previsión del 4,3% en diciembre, con Alemania cayendo al 1,9% (-2,2 puntos), Francia al 2,4% (-1,8 puntos), España al 4,1% (-1,47) y Reino Unido al 3,6% (-1,1).

En Estados Unidos el crecimiento apunta a 2,5% en 2022, para una caída de 1,2 puntos; y China a un 4,4%, 1,7 puntos menos.

En América Latina, las caídas previstas son más leves y en algunos casos incluso las proyecciones mejoran. A nivel general, la región crecería un 2,5%, contra un 2,6% estimado a inicios de año, según la OCDE.

En el caso de Costa Rica, el Banco Mundial redujo su expectativa de crecimiento en apenas un 0,1 punto porcentual: de 3,5% a 3,4%, en consonancia con las estimaciones más recientes del Banco Central, dadas a conocer en abril pasado, cuando la autoridad monetaria redujo el dato en 0,5 p.p., de un original 3,9%.

La OCDE, por su parte, prevé que un crecimiento aún menor para Costa Rica, del 3,2% en este 2022 (0,7 puntos menos de lo esperado en diciembre).

A pesar de que caída para América Latina se prevé un tanto más leve, los riesgos para la región siguen siendo altos, según el Banco Mundial. La entidad advirtió con base en su más reciente actualización de que “los efectos indirectos en la región debido a la atenuación del crecimiento mundial, una mayor inseguridad alimentaria y malestar social, una inflación superior a la prevista y tensiones financieras constantes” son parte de las situaciones que pueden recrudecer la situación en los próximos meses.

El organismo multilateral señaló que “un crecimiento más lento de lo esperado en los principales socios comerciales de América Latina y el Caribe debilitaría aún más las perspectivas regionales”, y añadió que “la escasez global de fertilizantes vinculada a la guerra de Ucrania podría exacerbar el aumento de los precios de los alimentos”.

“La inflación podría permanecer muy por encima de las metas de los bancos centrales, por lo que sería necesario un endurecimiento de las políticas monetarias más rápido, lo que podría precipitar una desaceleración regional aún más pronunciada. Además, en un contexto de crecimiento lento y aumento de las tasas de interés en EE. UU., la tensión financiera podría afianzarse en algunas economías de la región, especialmente si los encargados de formular políticas no pueden comprometerse de manera creíble con las reformas para impulsar el crecimiento de manera sostenible”, subrayó.

La inflación es una de las mayores preocupaciones de la OCDE y aparece citada más de 800 veces en el informe de más de 200 páginas. La institución con sede en París duplicó su previsión de inflación para los países miembros de la organización hasta el 8,5% este año, lo que supondría la previsión anual más alta desde 1988.

En el caso de Costa Rica, la OCDE espera una inflación del 5,7% en 2022 y del 5,6% en 2023.

La inflación, que la organización todavía consideraba en septiembre de 2021 como “temporal”, sigue al alza mientras persisten los problemas en las cadenas de suministro, con los precios de la energía, los alimentos y los metales disparados por la guerra. Según Boone, ello “erosiona la renta disponible de los hogares y el nivel de vida, y frena el consumo”.

En los países vulnerables, la subida de los precios y la escasez de alimentos, como el trigo, amenazan con "desastres humanitarios", advierte la institución.

Al igual que el Banco Mundial, la OCDE cree que las presiones inflacionistas se suavizarán el año que viene, pero advierte que no hay nada seguro. ”Las presiones inflacionistas podrían resultar más fuertes de lo previsto (...) la incertidumbre que rodea a estas previsiones es elevada”, apunta el informe.

Recién este 7 de junio, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de Costa Rica daba cuenta de que el país cerro mayo con una inflación interanual de 8,71%: la más alta en 13 años, tras una época de gran estabilidad en números bajos del indicador.

Y aún quedan más riesgos a nivel internacional, según considera la OCDE. Por ejemplo, todavía se desconocen los eventuales efectos de una interrupción repentina de las exportaciones de gas ruso a Europa, un aumento aún mayor de los precios de la energía o de más interrupciones en las cadenas de suministro.

Josué Alfaro

Josué Alfaro

Periodista de la sección de Economía y Política de El Financiero. Graduado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la Universidad de Costa Rica.

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