Pareciera que la forma más eficiente de crecer en el sistema financiero es comprar o absorber a otra entidad. Por lo menos ese ha sido el caso de los últimos dos años. El 7 de setiembre Coopenae y Coope Ande —la primera y tercera cooperativas de ahorro y crédito con más activos del país— hicieron público un plan de fusión. El año pasado Davivienda anunció la compra de las operaciones de Scotiabank en Costa Rica, y en 2024 Coopenae y Coope Alianza absorbieron el negocio de intermediación financiera de Coopeamistad y Coopelecheros. Estas operaciones son síntomas de una tendencia que podría afianzarse en el mercado costarricense con consecuencias para los clientes.
Se trata de la consolidación de entidades financieras: la unión o compra entre participantes para ganar tamaño y participación de mercado. No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí uno que podría crecer debido a requerimientos particulares de nuestra época, como una regulación más estricta y las necesidades de inversión tecnológica en la era de la inteligencia artificial.

El tamaño importa
Bernardo Alfaro, exjerarca de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) y exgerente general del Banco Nacional, dice que en la banca “el tamaño importa”.
Cuanto más grande sea la institución, mayores facilidades tendrá para encontrar rentabilidad, ya que generan economías de escala (la reducción del costo por unidad producida al aumentar el volumen total de su fabricación). Ese, dice, es uno de los principales incentivos que tienen los intermediarios financieros para unirse o comprar operaciones de otras entidades.
Se trata de un concepto que la misma Sugef comparte. El ente regulador mencionó que estos “procesos de fusión tienen el potencial de generar economías de escala, fortalecer las capacidades institucionales y ampliar las posibilidades de desarrollar productos, servicios y canales de atención que respondan mejor a las necesidades de las personas”. La declaración la hizo por medio de un comunicado de prensa emitido minutos después de que se anunció el plan de absorción entre Coopenae y CoopeAnde.
También permite ganar terreno de una forma más rápida. Adrián Álvarez, gerente general de Coopenae, mencionó que alcanzar la participación de mercado que ganarían con la unión podría tardar, de forma orgánica, entre 10 y 15 años.
Regulación y tecnología: dos inversiones caras
La facilidad que da el tamaño es un fenómeno que siempre ha existido y, por consecuencia, el incentivo de unirse no es nuevo. Alfaro recuerda que en su primera etapa como superintendente, a inicios de este siglo, vio cómo la cantidad de intermediarios financieros se redujo de forma importante a través de compras y absorciones. Sin embargo, en los últimos años se han intensificado algunos elementos que podrían aumentar las necesidades de consolidación.
El primero es la sofisticación y el endurecimiento de la regulación financiera. Cumplir con todas las normativas de la intermediación financiera es caro y para una entidad grande es más sencillo asumir ese costo que para una pequeña.
En los últimos 20 años el país ha avanzado en materia regulatoria, especialmente para ponerse al día con las mejores prácticas internacionales. Aunque hay consenso en que la mayor regulación es beneficiosa para proteger a los usuarios finales y al sistema financiero como un todo, tiene un impacto en la rentabilidad de las entidades.
Alfaro explica que, conforme las reglas se vuelven más estrictas, obligan a las entidades a realizar más estimaciones sobre su cartera, lo que implica mayores gastos y, por ende, una tendencia a que las rentabilidades disminuyan.
También genera gastos administrativos adicionales: el costo de la supervisión exige contar con líneas de defensa, una estructura de control, una auditoría interna robusta, una buena auditoría externa, e invertir en una oficialía de cumplimiento para aplicar mecanismos contra el lavado de dinero.
Alexandra Márquez, gerenta de CoopeAnde, citó directamente el endurecimiento de la regulación como uno de los elementos que motivaron la unión con Coopenae. “La normativa cada vez es más rigurosa y estamos a la puerta de una nueva normativa (Sugef 1-26) que va a aumentar las estimaciones a nivel de la cartera de crédito. Eso obliga de alguna forma a repensar todo para ver cómo vamos a generar valor en el largo plazo”, dijo en entrevista con El Financiero.
La tecnología es el otro elemento que exige cada vez mayores inversiones. Un servicio completo de banca en línea es caro por sí solo, pero ahora hay que agregarle una capa de ciberseguridad todavía mayor, ya que la eclosión de la inteligencia artificial abarata el costo de la ciberdelincuencia.
Hazel Valverde, jerarca de Sugef, reconoció que es una carga presupuestaria que no todos los intermediarios pueden asumir. “Hay entidades muy pequeñitas, entonces es difícil comprender cómo en un mundo como este, donde hay que hacer inversiones enormes en tecnología, ellas pueden mantenerse ahí dentro de un mercado tan competitivo”, dijo Valverde en 2025.
“Si sos muy pequeñito, los ingresos que podés generar con tus activos no van a compensar todos esos gastos (regulatorios y tecnológicos), mientras que si sos grande ese costo se diluye en una cartera de mayor tamaño”, dice Alfaro.

¿Habrá más casos?
Es difícil asegurar si la consolidación se volverá más frecuente en los próximos años. Sin embargo, pareciera que los elementos que la fomentan seguirán presentes: los costos regulatorios y tecnológicos se mantendrían, además, en Costa Rica hay un ecosistema amplio de entidades relativamente pequeñas que podrían encontrar dificultades para alcanzar rentabilidades que valgan la pena.
Por ejemplo, la suma de los activos de los 35 intermediarios financieros más pequeños (¢8,1 billones) es menor que el total de activos del Banco Nacional (¢8,7 billones), el participante más grande del país.
Alfaro sí se imagina un futuro de mayores compras y fusiones entre entidades financieras. Intuye que el escenario más probable es ver a entidades grandes o medianas absorbiendo a las pequeñas o medianas, en lugar de entidades pequeñas uniéndose entre sí. Explica que la fusión de dos participantes pequeños no tiene mucho sentido debido al gran desgaste, choque cultural, diferencias de procedimientos y de sistemas de información que conlleva el proceso de absorción; todo esto para que al final sigan sin alcanzar un tamaño relevante.
Valverde dijo en 2025 que se trata de una tendencia no solo de Costa Rica, sino que es también internacional. “Si uno ve, el mundo tiende a consolidar en instituciones más grandes el sistema financiero”, mencionó entonces.
¿Es una bandera roja?
Un nivel sano de consolidación tiene el potencial, en la teoría, de crear mejores condiciones para el usuario final. La mayor eficiencia de una economía de escala debería derivar en que las entidades cobren menores tasas de interés por los créditos, dice Alfaro, asumiendo que trasladen ese beneficio al usuario.
Sin embargo, también está el riesgo de concentración: si solo quedan unas cuantas entidades se podría generar un oligopolio que desaliente la competencia. De hecho, el Banco Central de Costa Rica ha advertido que la falta de competitividad del mercado nacional ya está evitando que los clientes reciban tasas de interés más bajas.
El ente emisor incluso redujo el capital mínimo requerido para crear entidades financieras reguladas. El objetivo fue facilitar la entrada de nuevos actores, con la expectativa de que una mayor competencia obligue a mejorar las condiciones para los usuarios.
Dependiendo de cómo se desarrolle en el futuro, una mayor consolidación financiera podría traer beneficios para los usuarios finales o derivar en riesgos de concentración de poder.
