Por: María Fernanda Cisneros.   21 junio
El golpe que El Niño significó para el agro es una de las nubes que empañan la economía y que podrían llevarla a un crecimiento menor del esperado a inicios de año. Gracias al sistema de riego de microaspersión, Vianey Rivera logró producir estas zanahorias que hace un mes parecían destinadas a desaparecer. Foto: Rafael Pacheco
El golpe que El Niño significó para el agro es una de las nubes que empañan la economía y que podrían llevarla a un crecimiento menor del esperado a inicios de año. Gracias al sistema de riego de microaspersión, Vianey Rivera logró producir estas zanahorias que hace un mes parecían destinadas a desaparecer. Foto: Rafael Pacheco

El panorama económico que atraviesa Costa Rica es menos favorable de lo que se proyectó a inicios de año y mucho de esto tiene que ver con el ambiente externo.

En cuanto arrancó el año, se preveía un terreno retador, aunque con una leve mejoría en algunos indicadores, como el crédito, y una economía estadounidense mucho más pujante.

La cautela fue la recomendación en ese momento y ahora ese consejo toma más fuerza que antes.

Algunos de los factores evaluados al proyectar el crecimiento económico tomaron un curso diferente del que se vaticinó en enero, y es así como pensar en una producción superior al 3% o un crédito reactivado parece un sueño lejano, al menos en el corto plazo.

La tensa relación comercial entre China y Estados Unidos, el aumento reciente de los precios del petróleo y la recesión interminable de Nicaragua son parte de esos golpes internacionales con impacto en la economía local y en otras emergentes.

En la acera nacional, las principales nubes negras son las plagas que afectan al sector agro, el impacto del fenómeno de El Niño, el desempleo y la continua desaceleración económica.

El camino por delante no es certero; esto a pesar de que las autoridades sacaron su maquinaria para que el camino sea más fácil de transitar mediante una agenda de reactivación económica y tanques de oxígeno a deudores.

Queda esperar, además, cómo reaccionará la ya golpeada producción ante la puesta en marcha de la reforma fiscal a partir del 1.° de julio. Es un paso retador, pero promete dotar al Gobierno central de más recursos y aire en sus finanzas públicas, especialmente del 2023 en adelante.

Panorama menos alentador

Todo dicta que la autoridad monetaria reducirá su previsión económica de 3,2% cuando ese evento se concrete, algo que ya hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El FMI bajó su perspectiva de crecimiento para Costa Rica de 3,3% a 2,9%.

La mayoría de expectativas por parte de las entidades financieras situaban la producción por debajo de la previsión del Central, la que inclusive fue tildada de optimista por algunos economistas.

Por ahora estas perspectivas, ubicadas entre 2,3% y 3%, se mantienen, aunque a la expectativa de lo que anunciará el Banco Central de Costa Rica (BCCR) en la revisión de su Programa Macroeconómico para el período 2019-2020.

“La situación actual es más adversa del panorama que teníamos previsto en el programa macro a inicios de año. El contexto externo era el más difícil de prever en enero, cuando dimos a conocer el Programa”, dijo Rodrigo Cubero, presidente del BCCR.

Cubero incluso afirmó que lo más probable es que el Central reduzca la previsión, aunque la cifra aún no se ha definido.

Estas afirmaciones las reiteró durante su participación en el Foro de Finanzas e Inversión para América Central, de LatinFinance, llevado a cabo a finales de mayo, y también pocos días después, en la conferencia de prensa en la que se redujo el encaje mínimo legal a las operaciones bancarias en colones.

Esta precisamente fue una de las medidas adoptadas para apoyar la reactivación económica que pretende lograr el Gobierno, junto con la reciente decisión de mejorar el historial de 63.000 deudores del Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) y la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef).

La adopción de estas medidas es solo muestra de la desaceleración que experimenta Costa Rica, en donde el Gobierno debe acudir a medidas no utilizadas desde hace años en busca de mejores resultados.

Las piedras del camino

El ambiente externo era el más complejo de vaticinar a inicio de año, cuando Estados Unidos parecía repuntar con ánimo. Aunque hoy ese apetito se mantiene, podría bajar.

Incluso la Reserva Federal (Fed) ha dicho que la desaceleración sería una razón por la cual bajarían las tasas de interés, luego de una seguidilla de subidas.

“El enfriamiento de la economía norteamericana todavía no se ha observado. Por ahora crece bien, pero se enrumba a una desaceleración”, afirmó Cubero.

Al ser un socio comercial de gran peso para Costa Rica, lo que ocurra con la economía estadounidense repercute en el desempeño de la producción local y el comercio; lo mismo ocurre con los precios de las materias primas.

Justamente otra alerta proviene de los precios del petróleo, que muestran una subida, y, aunque se conservan por debajo de lo visto en 2018, sí son un 18% más altos respecto al arranque del 2019.

Las tensiones entre Arabia Saudita e Irán, dos pesos pesados en petróleo, mantienen nervioso al mercado y pueden generar más presiones en la oferta. Solo el 13 de junio los precios subieron más de un dólar tras el ataque de dos buques frente a las costas de Irán.

En Costa Rica, la aprobación de la reforma fiscal fue un aliciente que redujo las piedras del camino; sin embargo, fue insuficiente para quitar los grandes lastres.

“Creo que hay que reconocer que con la aprobación de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, y sobre todo con la mejora en el apetito por deuda gubernamental en el mercado local, el estrés financiero ha bajado”, afirmó el economista José Luis Arce, de FCS Capital.

La sola aprobación de la reforma y la reducción de los gastos del Gobierno, así como las menores presiones en las tasas de interés, mejoraron el terreno, pero fueron insuficientes para dinamizar una economía deprimida.

El índice mensual de actividad económica (IMAE) registró un dinamismo de 1,65% en abril del 2019, y ahora lleva dos meses de caídas luego de la leve subida alentadora –pero breve– que había dado en febrero.

La desaceleración de la economía lleva casi un año sin síntomas de levantar y a las puertas de la aplicación del impuesto al valor agregado (IVA).

Las industrias más golpeadas son comercio y agricultura, ambas altamente dependientes del deprimido consumo y del clima, respectivamente.

Algunos visos de positividad llegan en infraestructura, aunque los réditos de los proyectos en curso podrían llegar hasta 2020. Esto golpearía al 2019, explicó Freddy Quesada, gerente de INS Valores.

El crédito al sector privado, por su lado, creció 3,6% en mayo –un punto menos que el año anterior, cuando ya estaba desacelerado (repuntó 13,4% en mayo 2017)–, mientras que el desempleo llegó a 11,3% al primer trimestre del año y se convirtió en un nubarrón más.

La agenda de reactivación económica tiene grandes piedras por delante. Queda esperar, entonces, cuál nuevo panorama vaticinará el Central en la revisión de su programación monetario.