Presentado por: Reserva Conchal
El camión municipal de la basura pasó mientras el grupo de visitantes llegaba al Centro de Valorización de Residuos de Reserva Conchal. El detalle que despertó curiosidad fue el tamaño del contenedor: llamativamente pequeño para una operación que incluye dos hoteles de cadena internacional, 17 residenciales, restaurantes, un campo de golf y un club de playa.
La explicación la da Jorge Moreno, Jefe de Centro de Valorización, con cifras documentadas: menos del 4% de los residuos que genera toda la operación termina en el relleno sanitario. El resto —el 96,57%— se valoriza. Vidrio, plástico, metales, baterías de vehículos eléctricos, aspersores, luces LED, vajillas rotas, residuos orgánicos: cada tipo de material tiene un proceso y un destino.

De fondo, mientras Moreno explicaba, se escuchaba el sonido de botellas chocando entre sí: otro camión recolectaba el vidrio para un segundo uso. No era un efecto sonoro calculado. Era el centro funcionando.
El ciclo que convierte residuos en ventaja operativa
El Centro de Valorización no opera de forma aislada. Es el nodo central de un sistema de economía circular que conecta varios proyectos dentro de la propiedad. Holcim recibe materiales para coprocesamiento. Pedregal gestiona la recuperación de otros. La Municipalidad de Santa Cruz colabora en recolección y monetización de residuos. Y lo que no puede valorizarse por ninguna de esas vías se convierte en compost.

Ese compost va al Vivero Reserva Conchal —con capacidad para más de 50.000 plantas y más de 100 especies— y a la Huerta Najui, que produce los vegetales, hierbas y flores comestibles que abastecen las cocinas de los hoteles. El ciclo cierra: los residuos orgánicos de los restaurantes terminan siendo el insumo que produce los alimentos frescos de esos mismos restaurantes.

Moreno tiene una forma de describir su trabajo que resume bien la filosofía del modelo:
“Ni siquiera le llamo área de residuos. Para mí esto es el centro de valorización de un negocio: le da valor a lo que ya no tiene valor.”
— Jorge Moreno, encargado del Centro de Valorización
El punto que no aparece en los reportes pero que resulta clave para entender por qué el sistema funciona es otro: cada colaborador de Reserva Conchal, desde cualquier área de la operación, conoce el proceso. La clasificación ocurre desde la fuente. Si los residuos llegan mal separados al Centro, el sistema pierde eficiencia. Por eso la formación interna es condición de la operación.
“Nos enfocamos en la sostenibilidad como un sistema que integra todas las iniciativas bajo una misma sombrilla, porque nos permite interconectarnos con las comunidades donde operamos, con la naturaleza, con la biodiversidad. No es algo que se hace paralelo a nuestra estrategia de negocio: la sostenibilidad es parte integral desde el inicio y la base del desarrollo de nuestro negocio en la hospitalidad.”
— Gabriela Meza, Gerente de Sostenibilidad, Reserva Conchal
La huerta como modelo de abastecimiento
La Huerta Najui la dirigen Filenia, Claudia y Carolina —tres mujeres jefas de hogar de comunidades vecinas— con métodos agroecológicos y abono que viene exclusivamente del Centro de Valorización. Todo lo que producen va directo a las cocinas internas. La producción no sale a la venta: se consume dentro.

Durante la visita, las tres mujeres nos mostraron detalles de todo lo que cultivan. Antes de llegar a la huerta habíamos desayunado en uno de los restaurantes, donde nos sirvieron platillos decorados con flores comestibles, un lindo detalle para las fotos de la gira, pero lo más interesante fue conocer su origen y las encargadas de su cultivo.

El tamaño de la huerta no alcanza todavía para abastecer a toda la operación, pero Carolina Canales, una de las encargadas del proyecto nos dice con orgullo y algo de humor “somos el equipo de contención de la cocina, si allá les hace falta algo, nos lo piden, acá les suplimos flores, hierbas aromáticas frescas y lo verde que se requiera de forma rápida”.
El proyecto nació en 2019 como iniciativa social. Hoy, las tres mujeres son nóminas de Desarrollos Hoteleros. Najui significa ‘mujer’ en chorotega, el idioma indígena de Guanacaste. El nombre no fue casual: fue elegido por ellas mismas porque el proyecto era para mujeres y por mujeres.

El componente de flores comestibles se desarrolló con la asesoría de Luciana Angulo, estudiante de la Universidad de Costa Rica.
El apiario: retorno reputacional con base técnica
El Apiario Reserva Conchal tiene 50 colmenas y más de 2,5 millones de abejas. Alexander Duarte, de Mieles Nicoyanas —el socio técnico del proyecto— lo pone en perspectiva geográfica:
“Tenemos 2,5 millones de abejas colonizando 70 hectáreas de Reserva Conchal.”
— Alexander Duarte, Mieles Nicoyanas

La miel que producen esas colmenas obtuvo en 2025 el Premio Platino en los London Honey Awards, siendo la única miel costarricense en alcanzar esa distinción entre más de 250 muestras evaluadas. Parte de su identidad viene del entorno: la presencia de manglar le da un perfil de sabor particular.

“La miel que producen estas abejas es dulce y al mismo tiempo saladita, posiblemente por influencia del manglar. Por eso fue el gusto de los catadores.”
— Alexander Duarte, Mieles Nicoyanas
El reconocimiento tiene un valor reputacional evidente, pero el valor operativo del apiario está en otro lugar: en la polinización. Las abejas polinizan cientos de hectáreas de bosque seco dentro y alrededor de la propiedad. Ese bosque es parte de la propuesta de valor de Reserva Conchal. Sin polinizadores, el ecosistema que hace atractivo al destino se degrada. El apiario no es un proyecto de imagen: es mantenimiento de infraestructura ecológica.

El 20 de mayo de 2026, coincidiendo con el Día Mundial de las Abejas, Reserva Conchal anunció un plan piloto de laboratorio genético orientado a fortalecer las poblaciones de Apis mellifera mediante selección de zánganos con características genéticas deseables. El proyecto, desarrollado junto a Blue Zones y Mieles Nicoyanas, está en fase de aprendizaje y monitoreo, con aspiraciones de generar modelos replicables para el resto del país.
Simbiosis: cuando la sostenibilidad se aprende antes de los doce años
Uno de los componentes menos visibles del modelo —y quizás el de impacto más duradero— es el programa Simbiosis, que desde 2017 lleva a estudiantes de escuelas públicas de las comunidades vecinas a aprender dentro del propio ecosistema de la reserva.

Durante las visitas, los estudiantes conocen el meliponario —que alberga cuatro especies de abejas nativas— y aprenden sobre su rol en la polinización local. También trabajan temas de biodiversidad, manejo de manglares, pasos de fauna y reforestación.

La lógica es la misma que rige el resto del modelo: invertir en el entorno cercano como condición de viabilidad a largo plazo. Una comunidad que entiende y valora el ecosistema donde opera el destino es un activo tan real como el vivero o el centro de valorización.
Educación Dual: el programa que resuelve un problema estructural
El turismo en zonas como Guanacaste enfrenta el desafío de encontrar talento técnico calificado en las comunidades cercanas a los destinos. Reserva Conchal atacó ese problema desde 2014 con el Programa de Educación Dual, en alianza con el INA, pionero en el país incluso antes de que existiera legislación específica para este modelo.

Wendy Salazar, jefa de sostenibilidad social, describe con precisión lo que diferencia este modelo de la formación universitaria convencional:
“En la universidad uno simplemente va, y después de graduarse viene directo a trabajar. Si se equivoca, ya no tiene comodín. En cambio, acá el estudiante puede ir aprendiendo y corrigiendo sobre la marcha”. Wendy Salazar, jefa de sostenibilidad social.
El programa opera dentro del Westin Reserva Conchal, dirigido por profesores del INA. Los estudiantes trabajan con los mismos horarios y estándares que los empleados de la operación. Las áreas de formación son Alimentos y Bebidas, y Cocina, con expansiones recientes a mantenimiento para alojamiento temporal, estética de manos y pies, e inteligencia artificial —esta última en alianza con la Universidad Cenfotec.
Durante la gira, los estudiantes demostraron su nivel con un almuerzo de varios tiempos, maridaje incluido, seguido de un postre de frutas flambeadas. Algunos presentaron los platos en ingles y en portugués, demostrando su nivel de preparación.

El profesor Jairo Salazar, encargado del módulo de bebidas, describe así el propósito del programa:
“No venimos a hacer magia. Venimos a darle herramientas a muchachos que tienen ganas de cumplir sueños y metas, y que la los comunidad vea crecer y desarrollarse en su vida.”
— Jairo Salazar, profesor de Educación Dual
Los resultados son consistentes: más de 400 graduados desde 2014, con una tasa de empleabilidad superior al 85%. Más del 70% de sus egresados inicia su carrera dentro de Reserva Conchal. El programa resuelve el problema de talento de la operación y genera movilidad económica en las comunidades vecinas.
Lo que el modelo prueba
Reserva Conchal no inventó la sostenibilidad corporativa. Lo que sí hizo fue construir un sistema donde cada iniciativa depende de las demás para funcionar: los residuos producen el abono, el abono alimenta la huerta, la huerta abastece los restaurantes, el programa dual forma a quienes trabajan en esos restaurantes, y el apiario sostiene el ecosistema que da sentido a todo lo anterior.
“La hospitalidad es una forma de conectar a las personas con el entorno que nos rodea. No se trata solo de tener amenidades de clase mundial ni de ofrecer un servicio excelente, sino también de poder crear experiencias únicas que permitan a las personas conectar con la naturaleza y con la comunidad. Para nosotros la sostenibilidad no es solo un requisito: es una forma de vida y está en nuestro ADN.”
— Fabián Fernández, Director Inmobiliario, FIFCO.

La prueba de que el modelo es sólido no está en los premios —aunque los hay— sino en la coherencia interna. Cuando el contenedor de basura que se lleva el camión municipal es pequeño, no es porque el destino genere pocos residuos. Es porque casi todo lo que genera ya fue aprovechado antes de que el camión llegue y eso no solo vale la pena contarlo, sino que debería ser un modelo de inspiración para replicar en otros proyectos.
Para
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