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Ante los escenarios electorales que ya se iniciarán en enero, abogo por la responsabilidad de los partidos políticos por ofrecer al electorado costarricense, personas con la capacidad y las actitudes para asumir el poder.


El capitalismo progresista no es un oxímoron (figura retórica que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto; por ejemplo, “instante eterno”). Más bien, es la alternativa más viable y vibrante para una ideología que claramente ha fracasado. Como tal, representa la mejor oportunidad que tenemos de escapar de nuestro malestar económico y político actual.